A los 39 años decidí que pase lo que pase,
voy a luchar por esto.
No es una historia de epifanía. Es una historia de decisiones equivocadas, años en el lugar correcto por las razones incorrectas, y un clic mental que llegó cuando entendí que el camino que pensaba que no podía tomar siempre estuvo ahí.
El origen
Con 8 o 9 años, cuando mi padre compró el primer PC de casa, la única forma de jugar era a través de la consola de DOS. Comandos. Directorios. Rutas de archivo. Sin saberlo, estaba aprendiendo a pensar de una forma determinada — si introduces el comando correcto, el sistema responde. Si no, nada.
Luego llegó Windows y eso quedó en segundo plano. Pero siempre fui la persona que arreglaba los ordenadores. En casa, entre amigos, en el trabajo. No porque tuviera formación — sino porque algo en mí disfrutaba del proceso de encontrar qué fallaba y corregirlo.
Cuando acabé selectividad, la nota para Informática era alta. Elegí Educación Física porque el deporte también me apasionaba y pensé que podría enseñarlo. Me equivoqué. Me gusta hacer deporte, no enseñarlo. Trabajé algunos años de ello, pero nunca me llenó del todo.
"Siempre fui la persona que arreglaba los ordenadores. No por formación — sino porque disfrutaba del proceso."
El camino real
Llegué al Reino Unido con 30 años. Seis años en hoteles. Aprendí inglés de verdad, aprendí a trabajar bajo presión, aprendí a gestionar crisis con personas de diez nacionalidades distintas. La hostelería no era mi primera elección — pero se me daba bien y me abría puertas.
Cuando volví a España con 35, 36 años, ya sabía que quería algo diferente. Pero pensaba que para cambiar de carrera necesitaba años de universidad, formación formal, un camino que no podía permitirme mientras trabajaba y mantenía a mi familia.
El clic llegó cuando entendí que eso no era verdad. No necesito una carrera para dedicarme a esto. Necesito proyectos reales, consistencia demostrable y aplicar todo lo que ya sé. Porque a los 39 años tengo algo que no tiene alguien que empieza su primer empleo: criterio, experiencia real bajo presión y la madurez de saber por qué hago las cosas.
"Decidí cambiar de carrera a los 39. Y pase lo que pase, voy a seguir."